jueves, 18 de agosto de 2011

El monstruo de espaguetti volador






El dios de esta religión es el Monstruo de Espaguetti Volador (MEV); sus seguidores se llaman a sí mismos «pastafaris». Henderson propuso muchos de los principios básicos del pastafarismo entre los argumentos contra los fundamentos del diseño inteligente de su primera carta abierta.

La creencia central es que un monstruo de espagueti volador invisible e indetectable creó el universo, después de beber mucho. La borrachera del mostruo explica las imperfecciones del mundo creado.


Todas las evidencias que «erróneamente» apoyan la evolución han sido «plantadas» intencionadamente por este ser, para poner a prueba la fe de sus fieles.


El MEV hace que todo parezca más viejo de lo que es en realidad. Por ejemplo: cuando un científico realiza un proceso de datación radiométrica de un objeto arqueológico, de lo que el científico no se da cuenta es que cada vez que realiza la medición, el MEV está ahí, para cambiarlo con su apéndice tallarinesco.


El monstruo guía continua e invisiblemente la conducta de cada ser humano (creyente o no) por medio de sus «apéndices tallarinescos».

El calentamiento global, los terremotos, los huracanes y otros desastres naturales son consecuencia directa de que desde el siglo XIX ha disminuido el número de piratas.



La creencia Pastafari del cielo hace hincapié en estos dos puntos:

1. Tiene volcanes de cerveza hasta donde alcanza la vista.

2. Tiene una fábrica de bailarines/as de striptease.


En cambio, en el infierno:
1. Hay también volcanes de cerveza, pero está caliente.

2. Los bailarines/as de striptease tienen enfermedades venéreas.


Los «Realmente preferiría que no» son una parodia de los Diez Mandamientos. Según Henderson en el Evangelio del Monstruo del Espagueti Volador cuando Mosey, el capitán pirata, estaba en la cima del Monte Salsa, recibió consejo en forma de diez tablas de piedra. Éstas fueron llamadas por el MEV los “Realmente preferiría que no” (I’d really rather you didn’t en el original inglés). Aunque originalmente había diez, dos se cayeron mientras Mosey bajaba de la montaña:

1. Realmente preferiría que no actuaras como un imbécil santurrón que se cree mejor que los demás cuando describas mi tallarinesca santidad. Si alguien no cree en mí, no pasa nada. En serio, no soy tan vanidoso. Además esto no es sobre ellos así que no cambies de tema.


2. Realmente preferiría que no usases mi existencia como un medio para oprimir, subyugar, castigar, eviscerar, o… ya sabes, ser malo con los demás. Yo no requiero sacrificios, y la pureza es para el agua potable, no para la gente.


3. Realmente preferiría que no juzgases a las personas por su aspecto, o su forma de vestir, o de hablar, o… mira, sólo sé bueno, ¿vale? ¡Ah!, y que te entre en la cabeza: mujer = persona, hombre = persona, Samey = Samey. Ninguno es mejor que el otro, a menos que hablemos de moda claro, lo siento, pero eso se lo dejé a las mujeres y a algunos tipos que conocen la diferencia entre el aguamarina y el fucsia.


4. Realmente preferiría que no te satisfagas con conductas que te ofendan a ti mismo, o a tu compañero amoroso mentalmente maduro y con edad legal para tomar sus propias decisiones. Respecto a cualquier otro que quiera objetar algo, creo que la expresión es “jódete”, a menos que lo encuentren ofensivo, en cuyo caso pueden apagar el televisor y salir a dar un paseo, para variar.


5. Realmente preferiría que no desafiaras las ideas fanáticas, misóginas y de odio de otros con el estómago vacío. Come, luego ve tras los malditos.


6. Realmente preferiría que no construyeras iglesias/templos/mezquitas/santuarios multimillonarios a mi tallarinesca santidad cuando el dinero podría ser mejor gastado en (tú eliges):1. Terminar con la pobreza.2. Curar enfermedades.3. Vivir en paz, amar con pasión, y bajar el precio de la televisión por cable.Puedo ser un ser omnipresente de carbohidratos complejos, pero disfruto de las cosas sencillas de la vida. Debo saberlo, para eso YO SOY el creador.


7. Realmente preferiría que no fueras por ahí contándole a la gente que hablo contigo. No eres tan interesante. Madura ya. Te dije que amaras a tu prójimo, ¿no entiendes las indirectas?


8. Realmente preferiría que no le hicieses a los otros lo que te gustaría que te hiciesen a ti si te van las… ejem… las cosas que usan mucho cuero/lubricante/Las Vegas. Si a la otra persona también le gusta (según el nº4), entonces disfrutadlo, sacaos fotos, y por el amor de Mike ¡usad un PRESERVATIVO! En serio, es un pedazo de goma. Si no hubiera querido que lo disfrutarais al crearlo habría añadido púas, o algo.



El pastafarismo, o también religión del Monstruo de Espagueti Volador es una parodia de religión, surgida a modo de campaña de protesta social en los Estados Unidos de América para denunciar y oponerse a la difusión de la teoría del diseño inteligente. Los principios del pastafarismo fueron ideados por Bobby Henderson, licenciado en física de la Universidad Estatal de Oregón, para protestar mediante la sátira por la decisión del Consejo de Educación del Estado de Kansas (Kansas State Board of Education) adoptada a finales de 2005, de permitir la enseñanza del diseño inteligente en las escuelas públicas como alternativa de la teoría de la evolución. Henderson remitió una carta abierta al Consejo (cuyo texto completo se puede leer traducido aquí) en la que parodiando el concepto de diseño inteligente, expresaba su fe en una deidad creadora sobrenatural, semejante a una enorme bola de espagueti con albóndigas. Solicitaba que la teoría de diseño inteligente defendida por el pastafarismo fuera también enseñada en las clases de ciencias. Henderson, pidió formalmente que su sarcástica reducción al absurdo, denominada “pastafarismo”, recibiera el mismo trato, y que se enseñara su versión del diseño inteligente, y no sólo la incluida hasta entonces, para que se enseñara también como teoría alternativa a la evolución. Así expuso su teoría de que el universo fue creado por una especie de bola gigante de espagueti con albóndigas voladora, a la que llamó Monstruo de Espagueti Volador, exigiendo que se le dedicara el mismo tiempo lectivo a la enseñanza de las tres teorías.



video como prueba de su existencia



sábado, 13 de agosto de 2011

Cartas a mi mujer sobre la pornografia



Libro publicado por primer vez en 1972, dl doctor Fernando Ftizmaurice de editorail Posada, S.A. donde aborda el escabroso tema de la pornografía (aún a la fecha) y su contexto político-social, a través de cartas que el escribe a su mujer sobre su viaje a Suecia en los setentas. Transcribí un pequeño capítulo...

...Noviembre 16,1971
Hamburgo, Alemania Oriental.




...Según sostiene, la Biblia y los primeros padres de la Iglesia, hablaron de un sinnúmero de cosas y mantuvieron un gran número de posiciones diferentes. En ellos puede encontrarse casi cualquier cosa y cualquier posición, por supuesto si se sabe buscar. Y tanto da que se trate de un escrito a favor la homosexualidad, como de uno favoreciendo al incesto. Todo esto puede encontrarse en alguno de los escritos de los primeros padres de la Iglesia o, incluso en la propia Biblia.


Según Jos el caso es que a partir del siglo XVI hubo una serie de razones económicas y mercantiles que empezaron a cambiar el panorama que había hasta entonces. Y sobre todo el panorama moral. Al parecer al principio de ese siglo todavía existían creencias morales distintas, que se consideraba moralmente aceptable para los nobles, no era lo mismo que creían los campesinos ni, tampoco, lo que creían los burgueses, o sea los comerciantes de las ciudades –que en aquel entonces eran también industriales en muy modesta escala.


Entre los nobles se consideraba que la mujer debía llegar virgen al matrimonio, per una vez casada, a menos que quisiera su marido, no se creía que tuviera la obligación, ni de serle fiel, ni de hacer vida conyugal con él. En muchos casos, sobre todo cuando se trataba de la alta nobleza, la obligación de fidelidad llegaba hasta el primer hijo, pero una vez que había tenido descendencia, sus obligaciones conyugales terminaban –a menos, como te digo, de que estuviera enamorada de su marido. Los hombres de la nobleza, por su parte, no debían permanecer vírgenes y una vez que llegaban a la adolescencia, se esperaba de ellos que tuvieran no uno, sino cuantos romances les fuera posible. Para ellos estaban las campesinas y las burguesas y también, por qué no, las mujeres de la nobleza que habían ya cumplido con sus deberes conyugales.


No estoy diciéndote, al hacerte este relato, que crea yo que tal forma de vida estuviera bien sino, exclusivamente, relatándote lo que creían los hombres y mujeres de la nobleza a principios del siglo XVI. Así, por ejemplo, se creía que era imperativo que un hombre de la alta nobleza, una vez que había tenido descendencia con su mujer legítima, tuviera alguna o varias amantes a las que mantenía con largueza. Se sabe de reyes que siguieron la costumbre y que tuvieron amantes tanto o más poderosas que la propia reina.


Frente a estas creencias morales estaban las que imperaban entre los campesinos y entre los burgueses. Entre los primeros había una costumbre que todavía sigue en muchas zonas fundamentalmente rurales. No se creía, entre ellos, que la mujer debía llegar virgen al matrimonio, sino incluso lo contrario: lo ideal era que llegase embarazada. Esta creencia es muy fácil de explicar: entre los campesinos una mujer fecunda es muy valiosa, ya que, entre otras cosas, va a dar hijos que servirán para cultivar y trabajar los campos. Una mujer estéril, en cambio, es una carga que representa un gasto incosteable. La costumbre, así pues, era que las muchachas campesinas tuvieran relaciones con sus novios antes del matrimonio y que éste llegara a consumarse sólo cuando la chica estaba embarazada. De esta manera se sabía, desde antes, que se tratada de una mujer fecunda, que no constituiría una carga para el marido.

Entre los campesinos, por otra parte, no había ninguna vergüenza ni ningún temor a la desnudez. Jos citó numerosos ejemplos de obras en las que se habla de cómo algún caballero se encuentra a una muchacha campesina bañándose desnuda en un río, o de cómo hablaban de su cuerpo con una tranquilidad que hoy hemos perdido. Sergio recordó varios cuadros y dibujos de los siglos XV y XVI, entre los cuales los de Durero quizá sean más reconocidos, que representan a muchachas bañándose desnudas con toda tranquilidad o que han sido representadas en el momento de vestirse. Jos, señaló también, que había muchas estampas en las que se veía, en la plaza pública, a hombres y mujeres acariciándose a la vista de todo mundo –y por supuesto de los niños.


Este asunto es interesante, ya que nos informa sobre el origen de la pornografía: al parecer hasta el siglo XVI no se vinculó la desnudez con el sentido erótico. Así la amante de Voltaire –según dijo Jos- se bañaba desnuda con toda tranquilidad en presencia de su criado. Para ella, dada la división de las clases sociales, el criado que le llevaba el agua no era un hombre, era solo un sirviente. Para él sucedía más o menos lo mismo: era una mujer que estaba fuera de su mundo que no podía verla como una mujer. Lo importante es que en ese entonces nadie hubiera dicho que un desnudo era pornográfico, ya que la desnudez tenía un sentido no sexual. No es sino hasta principios del siglo XVII que la desnudez, sobre todo la femenina, empieza a tener un carácter erótico. Esta tendencia va aumentándose y haciéndose cada vez más rígida, hasta que en el siglo XIX y principios del XX -¿recuerdas las ropas de playa que tenían que usar las mujeres a principios de siglo?- estaba literalmente prohibido que un joven o una muchacha se vieran desnudos a si mismos. En los colegios franceses para señoritas, de 1850 hasta antes de la segunda guerra mundial, se las obligaba a que se pusieran sus ropas de noche con tal arte que no llegaran a estar desnudas jamás: tenían que aprender una curiosa forma de contorsionismo para ir poniéndose las ropas de dormir por debajo de las que llevaban puestas durante el día.


Pero con esto ya me desvié del tema más importante. Te decía que a principios del siglo XV había varias “morales”. Según Jos esto mismo ocurrió en todas las épocas anteriores. A mediados del siglo XVI, sin embargo, empezaron a tener lugar algunos cambios importantes. De todos ellos el más decisivo fue el de que los burgueses empezaron a enriquecerse cada vez más. El comercio, a la larga, resultó ser un negocio mucho más fructífero que la agricultura o la minería. Y al enriquecerse empezaron a comprar tierras y, con el tiempo, a crear industrias y fábricas. Este poder económico acabó por traducirse en poder político: la Revolución Francesa de 1789, o sea dos siglos y medio después de que la burguesía empezó a ascender, represento su más acabado triunfo político: le quitaron el poder a la nobleza.


Los cambios políticos y económicos, según nos dijo Jos, trajeron también cambios morales. La burguesía empezó lentamente a imponerle a las otras clases sociales sus conceptos morales –conceptos que, en general, son los que hoy integran lo que se llama “buena moral!. Las mujeres eran consideradas como una “propiedad” más del burgués y querían, como ahora lo pedimos de un coche nuevo, que nadie las hubiera tocado. La virginidad, la castidad y una dote jugosa eran características imprescindibles para que una muchacha lograra contraer matrimonio. Su papel en el hogar, a diferencia de lo que sucedía en otras clases sociales, era un papel pasivo, ya que no era un objeto de lujo –como las mujeres de los nobles- ni tampoco parte de un proceso productivo –como las mujeres campesinas. Su papel, aunque sea brutal ponerlo de esta manera, se redujo al de una criada con numerosas obligaciones y casi ningún derecho: el marido era la única y exclusiva fuente de ingresos. Era él, jamás ella, quién tenía que conseguir dinero y mantener a la mujer en casa. Era él, en la casa, la única fuente de poder: la mujer tenía que plegarse a sus deseos, aprender a ser mansa, obediente, sumisa, abnegada. Tenía que ser educada para un negocio: el matrimonio, y aprender que una vez que lo había hecho tenía que conformarse con lo que hubiera obtenido. Si el marido era flojo, o mujeriego o parrandero, era algo que la mujer tenía que aprender a aceptar. Eso era lo que le había tocado.

Concebir al matrimonio como un negocio implica concebir a los seres humanos como cosas, como bienes de cambio. Un hombre, por supuesto, era más valioso mientras más rico. Una mujer era más valiosa mientras mas bonita, más sumisa y estaba mejor amaestrada a aceptar su papel de sierva. En este terreno, y dada esta concepción, su virginidad era parte de su capital; era algo que debía conservar intocado si quería contraer matrimonio. Era casi su seguro de vida.
Esta moral brutal y utilitaria fue ganando terreno a la vez que la burguesía fue imponiéndose a las demás clases sociales. A mediados del siglo XVIII era ya la única moral aceptable. A lo largo del siglo XIX tomó carta de naturaleza en todos los órdenes de la vida social. Cuando en alguna región campesina se seguían practicando las costumbres de antaño, se los llamaba salvajes y primitivos. Los educadores y moralistas estaban convencidos que esa era la única moral aceptable y que quien careciera de ella “vivía como una animal”.

La Iglesia Católica, siempre aliada al más fuerte, pronto hizo eco a todas las pretensiones moralizantes de la burguesía. Y no solo las suscribió, sino que empezó a hurgar entre sus vastos archivos y exhumó aquellos documentos que mostraban que esa era la moral que siempre había bendecido. La moral burguesa pronto se convirtió en la moral de la iglesia y atacar esa moral fue tanto como atacar a la propia iglesia.


Han habido muchos historiadores, nos decía Jos, que creyeron en el cuento y, así, suelen atribuirle a la Iglesia Católica la mayor parte de las ideas morales que reinan hoy en día. El verdadero origen, sin embargo, ha de verse en el triunfo económico y político de la burguesía. Y lo curioso es que la propia burguesía, en su desarrollo económico, ha terminado por dar origen a una moral distinta.

Las mujeres no formaban parte del proceso productivo. Eran, por así decirlo, seres humanos de segunda. Al iniciarse el proceso industrial y requerirse mano de obra barata ¿qué mejor que la de la mujer? Era posible pagarle poco y mantenerla, como aún sucede hoy en día, en posiciones menores. Todavía hoy, a pesar de que estamos a doscientos cincuenta años de haberse iniciado la revolución industrial, las mujeres –quizá con excepción de las estrellas de cine- solo efectúan tareas para las que hace falta muy poco talento y una casi nula preparación: son meseras, vendedoras y secretarias. Su tarea principal todavía consiste, por desgracia, en traerle el café al jefe.

Pero aunque ganen bien poco y, en lo general se las explote, son ya dueñas de un ingreso y , en algunos casos, son totalmente independientes. Pueden mantenerse a sí mismas y este hecho las está obligando a darse cuenta que en ningún sentido son seres inferiores, la mujer que trabaja no está ya dispuesta simplemente a ser la sirvienta de su marido. Quiere, y con toda razón, vivit con él en plan de igualdad, participando en los problemas, en el esfuerzo y en las decisiones.
Este cambio, resultado de la participación de la mujer en el desarrollo económico, ha hecho que los valores tradicionales “de cambio” se alteren. Claro que sigue “valiendo” más una mujer guapa, y muchos hombres todavía no están dispuestos al matrimonio a menos de que sea con una mujer virgen, pero las ideas tradicionales de sumisión, respeto irrestricto al marido como si fuera rey, y el permitir que las traten como sirvientas, son cosas que ya no aceptan.

La lucha de la mujer por su liberación tiene todavía mucho camino que recorrer -nos dijo Jos-, y aun le faltan, por desgracia, muchos sufrimientos que vivir. Lo importante es advertir, desde ahora, que el proceso es ya irreversible: la mujer ha decidido transformarse en un ser humano pleno. Este proceso no puede ya cambiarse. No podrá detenerse ni siquiera impidiendo que la mujer trabajara. Ya hemos dado demasiado pasos en este camino y ahora tendremos que recorrerlo hasta el final.


¿Qué saldrá de esto? No lo sé…


lunes, 2 de mayo de 2011

Para domir



Si a usted le cuesta conciliar el sueño, o bien se despierta antes de la hora deseada o tiene un sueño inquieto y poco satisfactorio, tal vez le sea de utilidad alguna de las recomendaciones que se ofrecen a continuación.Para dormir bien es importante seguir buenos hábitos.


1. El horarioFije un horario estable para ir a la cama y para despertarse. Si por alguna razón excepcional (por ejemplo, el fin de semana) trasnocha más de lo previsto, no se levante al día siguiente excesivamente tarde. De esta forma, aunque pasará sueño un día, no alterará el ciclo sueño/vigilia al que su organismo está acostumbrado y podrá funcionar con normalidad durante el resto de la semana.


2. El dormitorioProcure que su dormitorio sea cómodo, manténgalo bien ventilado y a una temperatura agradable (aproximadamente unos 22ºC), aislado de ruidos y luz. Utilice un colchón confortable y, en caso de usar almohada, que ésta no sea muy alta.


3. EjercicioManténgase activo. Haga ejercicio moderado con regularidad, ya que favorece el descanso ayudándonos a liberar tensiones. Pero no lo haga al menos tres horas antes de ir a dormir, pues a corto plazo tiene un efecto activador. La única excepción es la actividad sexual, que no perjudica el sueño.


4. Actividades en la camaNo utilice la cama para ver la televisión, para escuchar la radio o hacer trabajos de oficina. Tampoco lea nada que le obligue a estar muy concentrado. Su cama ha de ser primordialmente un lugar para dormir.


5. Postura y ropaAdopte una postura física correcta, y duerma con ropa cómoda que no le moleste ni apriete.

Hay también algunas cosas que debe evitar.


1. La siestaNo duerma durante el día. Puede ir bien reposar, o dormitar, 15 ó 20 minutos después de comer, pero no más.



2. La cena copiosaEvite las cenas copiosas y no cene demasiado tarde. No teme líquidos en exceso, sobre todo tres horas antes de acostarse. No abuse del jamón, queso, bacon o tomate, ya que contienen tiamina, una sustancia que aumenta la liberación de un estimulante cerebral. Por el contratio, el ygourt, la leche, el plátano, son alimentos ricos en trptófano ypueden ayudarle a conciliar el sueño



3. EstimulantesNo tome café ni té por la tarde y, al menos 4 horas antes de ir a dormir.. Tampoco tome demasiado chocolate. Preferiblemente, no fume ni beba nada de alcohol Beber mucho alcohol produce somnolencia, pero puede provocar despertares nocturnos, y abatimiento a la mañana siguiente.



4. Comer a medianocheNo coma nada si se despierta a medianoche.



5. Obligarse a dormirNo fuerce el sueño, sobreviene espontáneamente si se dan las condiciones adecuadas. Si al cabo de un rato (quince o veinte minutos aproximadamente) de acostarse no logra dormir, no pierda la paciencia dando vueltas; levántese de la cama y realice alguna actividad relajante (leer, escuchar música ...) hasta que le entre sueño.



6. Pastillas para dormirNo recurra a las pastillas para dormir. Aunque pueden ser efectivas en un primer momento, después de tres o cuatro semanas empezarán a dejar de serlo debido a la adaptación progresiva del cuerpo y, además, pueden crearle dependencia.



Por otra parte, las pastillas alargan el tiempo de sueño pero puede que no favorezcan la calidad del mismo. Sólo estarían indicadas como último recurso en casos definidos de insomnio crónico y siempre bajo la supervisión de un médico especialista.



Trate de hacer agradable el momento de irse a dormir.

1. Antes de acostarseEstablezca una rutina placentera antes de acostarse. Un baño tibio le ayudará a relajarse; también leer o escuchar música relajante. Es recomendable tomarse un vaso de leche caliente (con miel) o bien una infusión de manzanilla o de valeriana.



2. TranquilidadA la hora de dormir, la tranquilidad es fundamental. Suspenda toda discusión, evite revivir los conflictos y no trabaje en la cama. Si tiene problemas, hable de ellos durante el día, pero "olvídelos" por la noche (no piense en ellos, dese un respiro y aplace su solución para otro momento). No realice esfuerzos intelectuales antes de acostarse.



En general, no olvide que ...

1. Es más importante la calidad que la cantidadNo se preocupe si no consigue dormir ocho horas, ya que no todos necesitamos dormir lo mismo. Seis horas de sueño pueden ser suficientes si este es reparador (es decir, si no es un sueño interrumpido o alterado por alguna molestia que perturbe el descanso).


2. MedicamentosSi está usted tomando algún medicamento, pregunte a su médico si contiene ingredientes que interfieran el sueño, o bien si el problema de salud que padece dificulta el sueño.


3. ConsultarSi a pesar de seguir estas sugerencias, no logra dormir y su funcionamiento diurno se ve alterado por ello, consulte con el especialista.



domingo, 1 de mayo de 2011

Día del trabajo






Chihuahua.- El Día internacional de los Trabajadores, el Primero de Mayo, es la fiesta del Movimiento Obrero Mundial.




Desde su establecimiento en todos los países por acuerdo del Congreso Obrero Socialista celebrado en París en 1889 es una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago que fueron ajusticiados por su participación en las jornadas de lucha por consecución de la jornada laboral de ocho horas que culminaron en la huelga del 1º de mayo de 1886 en los Estados Unidos (EE.UU.), hecho que fue el origen de que dicha celebración se lleve a cabo es esa fecha.




Curiosamente en EE.UU. no se celebra esta conmemoración. Allí celebran la Fiesta de los que trabajan el primer lunes de septiembre que se viene celebrando desde 1882 a propuesta del dirigente Peter J. Mac Guire de la Central Labor Unión. Esta celebración ha sido apoyada e impulsada por los patrones y gobierno para eclipsar sentido real del 1º de mayo.




Los hechos que dieron lugar esta celebración estan contextualizados en los albores de la revolución industrial en los Estados Unidos. A fines del siglo XIX Chicago era la segunda ciudad de EE.UU. Del oeste y del sudeste llegaban cada año por ferrocarril miles de ganaderos desocupados, creando las primeras villas humildes que albergarían a cientos de miles de trabajadores. Además, estos centros urbanos acogieron a emigrantes venidos de todo el mundo a lo largo del siglo XIX.




La reivindicación de la jornada laboral de 8 horas.


Una de las reivindicaciones básicas de los trabajadores era la jornada de 8 horas. El hacer valer la máxima ocho hora para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa. En este contexto se produjeron varios movimientos, en 1829 se formó un movimiento para solicitar a la legislatura de Nueva York la jornada de ocho horas. Anteriormente existía una ley que prohibía trabajar más de 18 horas, salvo caso de necesidad. Si no había tal necesidad, cualquier funcionario de una compañía de ferrocarril que hubiese obligado a un maquinista o fogonero a trabajar jornadas de 18 horas diarias debía pagar una multa de 25 dólares.




La mayoría de los obreros estaban afiliados a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, pero tenía más preponderancia la American Federation of Labor (Federación Estadounidense del Trabajo), de origen anarquista. En su cuarto congreso, realizado el 17 de octubre de 1884, había resuelto que desde el 1 de mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo debería ser de ocho horas. En caso de no obtener respuesta a este reclamo, se iría a una huelga. Recomendaba a todas las uniones sindicales a tratar de hacer promulgar leyes con ese contenido en todas sus jurisdicciones. Esta resolución despertó el interés de todas las organizaciones, que veían que la jornada de ocho horas posibilitaría obtener mayor cantidad de puestos de trabajo (menos desocupación).Esos dos años acentuaron el sentimiento de solidaridad y acrecentó la combatibilidad de los trabajadores en general.




En 1886, el presidente de Estados Unidos Andrew Johnson promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo las 8 horas de trabajo diarias. Al poco tiempo, 19 estados sancionaron leyes que permitían trabajar jornadas máximas de 8 y 10 horas (aunque siempre con cláusulas que permitían hacer trabajar a los obreros entre 14 y 18 horas). Las condiciones de trabajo eran similares, y las condiciones en que se vivía seguían siendo insoportables.




Como la Ley Ingersoll no se cumplió las organizaciones laborales y sindicales de EE.UU. se movilizaron. La prensa calificaba el movimiento en demanda de las ocho horas de trabajo como "indignante e irrespetuoso", "delirio de lunáticos poco patriotas", y manifestando que era "lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo".




La convocatoria de huelga


La Noble Orden de los Caballeros del Trabajo (la principal organización de trabajadores en EE.UU.) remitió una circular a todas las organizaciones adheridas donde manifestaba: "Ningún trabajador adherido a esta central debe hacer huelga el 1° de mayo ya que no hemos dado ninguna orden al respecto". Este comunicado fue rechazado de plano por todos los trabajadores de EE.UU. y Canadá, quienes repudiaron a los dirigentes de la Noble Orden por traidores al movimiento obrero.




En la prensa del día anterior a la huelga, el 29 de abril de 1886, se podia leer: "Además de las ocho horas, los trabajadores van a exigir todo lo que puedan sugerir los más locos anarco-socialistas". El New York Times decía: "Las huelgas para obligar al cumplimiento de las ocho horas pueden hacer mucho para paralizar nuestra industria, disminuir el comercio y frenar la renaciente prosperidad de nuestra nación, pero no lograrán su objetivo". El Filadelfia Telegram decía: "El elemento laboral ha sido picado por una especie de tarántula universal y se ha vuelto loco de remate: piensa precisamente en estos momentos en iniciar una huelga por el logro del sistema de ocho horas". El Indianápolis Journal decía: "Los desfiles callejeros, las banderas rojas, las fogosas arengas de truhanes y demagogos que viven de los impuestos de hombres honestos pero engañados, las huelgas y amenazas de violencia, señalan la iniciación del movimiento".




El día 1 de mayo, la huelga


El 1° de mayo de 1886, 200.000 trabajadores iniciaron la huelga, mientras que otros 200.000 obtenían esa conquista con la simple amenaza de paro. En Chicago donde las condiciones de los trabajadores eran mucho peor que en otras ciudades del país las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo. La unica fabrica que trabajaba era la fábrica de maquinaria agrícola McCormik que estaba en huelga desde el 16 de febrero porque querían descontar a los obreros una cantidad para la construcción de una iglesia. La producción se mantenia a base de esquiroles. El día 2 la polícia había disuelto violentamente una manifestación de más de 50.000 personas y el día 3 se celebraba una concentración en frente sus puertas, cuando estaba en la tribuna el anarquista August Spies sonó la sirena de salida de un turno de rompehuelgas. Los concentrados se lanzaron sobre los scabs (amarillos) comenzando una pelea campal. Una compañía de policías, sin aviso alguno, procedió a disparar a quemarropa sobre la gente produciendo 6 muertos y varias decenas de heridos.




Se consiguió un permiso del alcalde Harrison para hacer un acto a las 19.30 en el parque Haymarket. A las 21.30 el alcalde, quien estuvo presente en el acto para garantizar la seguridad de los obreros, dio por terminado el acto. Pero el mismo siguió con gran parte de la concurrencia (más de 20.000 personas). El inspector de la policía John Bonfield consideró que habiendo terminado el acto no debía permitir que los obreros siguieran en ese lugar, y junto a 180 policías uniformados avanzó hacia el parque y empezó a reprimirlos. De repente estalló entre los policías un artefacto explosivo que mató a un oficial de nombre Degan y produjo heridas en otros. La policía abrió fuego sobre la multitud, matando e hiriendo a un número desconocido de obreros. Se declaró el estado de sitio y el toque de queda, y en los días siguientes se detuvo a centenares de obreros, los cuales fueron golpeados y torturados, acusados del asesinato del policía. Se realizaron cantidad de allanamientos y se fabricaron descubrimientos de arsenales de armas, municiones, escondites secretos y hasta "un molde para fabricar torpedos navales".




El juicioLa Prensa reclamaba un juicio sumario por parte de la Corte Suprema, y responsabilizando a ocho anarquistas y a todas las figuras prominentes del movimiento obrero. Se continuó con la detención de cientos de trabajadores en calidad de sospechosos. El 21 de junio de 1886, se inició la causa contra 31 responsables, siendo luego reducido el número a 8. El juicio fue una farsa del principio al fin, violándose todas las normas procesales de forma y de fondo, mientras la prensa la apoyaba publicando sensacionalísticamente que todos los acusados había que ahorcar a los extranjeros. A pesar de no haberse probado nada en su contra, los ocho de Chicago fueron declarados culpables, acusados de ser enemigos de la sociedad y el orden establecido. Tres de ellos fueron condenados a prisión y cinco a la horca.




Consecución de la jornada laboral de ocho horas


A finales de mayo de 1886 varios sectores patronales accedieron a otorgar la jornada de 8 horas a varios centenares de miles de obreros. El éxito fue tal, que la Federación de Gremios y Uniones Organizadas expresó su júbilo con estas palabras: "Jamás en la historia de este país ha habido un levantamiento tan general entre las masas industriales. El deseo de una disminución de la jornada de trabajo ha impulsado a millones de trabajadores a afiliarse a las organizaciones existentes, cuando hasta ahora habían permanecido indiferentes a la agitación sindical".